No te lapidamos por ninguna buena obra, sino por una blasfemia y porque tú, que eres un hombre, te haces pasar por Dios y fue entonces cuando Jesús les recordó acaso ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, DIOSES SOIS?, Salmos 82:6; Evangelio de San Juan 10:34
IF I HAVE SEEN FURTHER IT IS ONLY BY STANDING ON THE SHOULDERS OF GIANTS
SIR ISAAC NEWTON
SIR ISAAC NEWTON
viernes, 10 de febrero de 2012
Yo no sé quién soy, solo un torpe que en tu piel me reconozco.
Que... ¿Qué, que se del amor? ¡Nada!
Soy el ignorante que sumiso se inclina ante su corazón para que lo guíe.
Y así pretender aprender a deletrear a-m-a-r, de cada uno de los movimientos de tus labios.
Y así revelar a que sabe el amar, al pronunciar como un susurro ante la luna… tú nombre.
Alguien que quiere balbucear el primer te amo, ayudado por el marcar de los latidos de tu pecho cuando te abrazo.
Alguien que quiere saber qué es el amar fundiéndose en tus manos
Alguien que quiere disolver la música del amar en cada beso y así transmitir a tu ser todo lo que siento.
Yo no sé quién soy, solo un torpe que en tu piel me reconozco.
Y en tu mirada me encuentro y en tu jadear me siento.
Yo solo sé del amor cuando te beso.
Enséñame que aún tengo mucho que aprender y aun falta mas para el amanecer.
para Amparix, Eduardo Buenaventura Díaz
jueves, 9 de febrero de 2012
miércoles, 8 de febrero de 2012
Todo la dicha que hay en este mundo, toda proviene de desear que los demás sean felices; Y todo el sufrimiento que hay en este mundo, todo proviene de desear ser feliz yo.
Todo la dicha que hay en este mundo, toda proviene de desear que los demás sean felices; Y todo el sufrimiento que hay en este mundo, todo proviene de desear ser feliz yo.
EL BUEN CORAZÓN
La clase de nacimiento que tendremos en la próxima vida viene determinado, pues, por la naturaleza de nuestras acciones en ésta. Y es importante no olvidar nunca que el efecto de nuestras acciones depende por completo de la intención o motivación a que responden, y no de su envergadura.
En la época de Buda vivió una anciana mendiga llamada «Confiar en la Alegría ». Esta mujer observaba cómo los reyes, príncipes y demás personas hacían ofrendas a Buda y sus discípulos, y nada le habría gustado más que poder hacer ella lo mismo. Así pues, salió a mendigar, y después de un día entero sólo había conseguido una monedita. Fue al vendedor de aceite para comprarle un poco, pero el hombre le dijo que con tan poco dinero no podía comprar nada. Sin embargo, al saber que quería el aceite para ofrecérselo a Buda, se compadeció de ella y le dio lo que quería. La anciana fue con el aceite al monasterio y allí encendió una lamparilla, que depositó delante de Buda mientras le expresaba este deseo: «No puedo ofrecerte nada más que esta minúscula lámpara. Pero, por la gracia de esta ofrenda, en el futuro sea yo bendecida con la lámpara de la sabiduría. Pueda yo liberar a todos los seres de sus tinieblas. Pueda purificar todos sus obscurecimientos y conducirlos a la Iluminación ».
A lo largo de la noche se agotó el aceite de todas las demás lamparillas, pero la de la anciana mendiga aún seguía ardiendo al amanecer cuando llegó Maudgalyayana, discípulo de Buda, para retirarlas. Al ver que aquélla todavía estaba encendida, llena de aceite y con una mecha nueva, pensó: «No hay motivo para que esta lámpara permanezca encendida durante el día», y trató de apagarla de un soplido. Pero la lámpara continuó encendida.
Trató de apagarla con los dedos, pero siguió brillando. Trató de extinguirla con su túnica, pero aun así siguió ardiendo. Buda, que había estado contemplando la escena, le dijo: « ¿Quieres apagar esa lámpara, Maudgalyalyana? No podrás. No podrías ni siquiera moverla, y mucho menos apagarla. Si derramaras toda el agua del océano sobre ella, no se apagaría. El agua de todos los ríos y lagos del mundo no bastaría para extinguirla. ¿Por qué no? Porque esta lámpara fue ofrecida con devoción y con pureza de mente y corazón. Y esa motivación la ha hecho enormemente beneficiosa». Cuando Buda terminó de hablar, la mujer se le acercó, y él profetizó que en el futuro llegaría a convertirse en un buda perfecto llamado «Luz de la Lámpara ».
Así pues, es nuestra motivación, ya sea buena o mala, la que determina el fruto de nuestros actos. Shantideva dijo:
Todo la dicha que hay en este mundo, toda proviene de desear que los demás sean felices;
y todo el sufrimiento que hay en este mundo, todo proviene de desear ser feliz yo.
Puesto que la ley del karma es inevitable e infalible, cada vez que perjudicamos a otros nos perjudicamos directamente a nosotros mismos, y cada vez que les proporcionamos felicidad, nos proporcionamos a nosotros mismos felicidad futura. Por eso el Dalai Lama dice:
“Si intentas dominar tus motivos egoístas, ira y demás, y cultivar más amabilidad y compasión hacia los demás, en último término tú mismo te beneficiará más de lo que te beneficiarías de otro modo. Por eso digo a veces que el egoísta sabio debería practicar de esta manera. Los egoístas necios siempre están pensando en ellos mismos, y el resultado es negativo. Los egoístas sabios piensan en los demás, ayudan a los demás tanto como pueden, y el resultado es que ellos también se benefician."
La creencia en la reencarnación nos demuestra que en el universo existe cierta justicia o bondad últimas. Es esta bondad la que todos intentamos descubrir y liberar. Cuando actuamos de un modo positivo, nos movemos hacia ella; cuando actuamos de un modo negativo, la obscurecemos y la inhibimos. Y cuando no podemos expresarla en nuestra vida y nuestros actos, nos sentimos desdichados y frustrados.
Así pues, si hubiera de extraer usted un mensaje esencial del hecho de la reencarnación, sería éste: cultive ese buen corazón que anhela que los demás seres encuentren una felicidad duradera y actúe para proporcionar esa felicidad. Alimente y practique la amabilidad. El Dalai Lama ha dicho: «No hay necesidad de templos, no hay necesidad de filosofías complicadas.
Nuestro propio cerebro, nuestro propio corazón es nuestro templo; mi filosofía es la bondad».
lunes, 6 de febrero de 2012
Remonta hacia la luz, el origen y conocerás todo de Ormuz
Envuelto entre las llamas pasionales de la materia pusiste tu esfuerzo en librarte de ellas.
En la sabiduría de tu interior descubriste que lo mejor era transformarlas en tus emociones.
Así emergiste de la tierra para en hombre convertirte.
Deambulando pasaste por las diferentes esferas de las quimeras de los quereres.
Para por fin descubrir por el dolor que del sufrimiento sus lacayos son tus sentimientos.
Así poco a poco resolviste que ni pasiones transformadas en emociones sirven al corazón.
Sólo el amor fruto de los sentimientos elevados a la esfera de la compasión.
Y te convertiste en humano amamantado por el elixir de la sabia de tu compartir.
Saboreando de esa alegría descubriste que dar es mejor que pedir.
Que más gana en satisfacción tu alma cuando das que deseando recibir.
Así te erigiste glorioso sobre tu materia y un nuevo espacio conquistaste.
Y saboreando el nuevo aire que a tus sienes abatían, olías el aroma de las sagradas esferas que el infinito te prometía.
A volar te invitaron esos cantos, la música de un mundo arqueométrico de ideales recién por tu alma descubiertos.
A ser un ser alado los espacios celestes te invitaban, pero si no te lanzas como emergerán tus alas para surcarlo pensabas.
Pues montado en tus ideales las musas del cielo te soplaban.
Busca la levedad que da el estar enamorado del cielo y las estrellas.
Atrévete a pensar, a ser y a sentir diferente y así el horizonte humano remontarás por el saliente.
Ellas continuaban a tus oídos resollando aventúrate a ser ángel y aduéñate en tu vuelo del espacio sidéreo.
Así remonta hacia la luz, el origen y conocerás todo de Ormuz.
Continua el viaje que como átomo iniciaste, como ser continuaste y como dios a de terminarse.
Es tu destino simiente que aguarda paciente en cada latido ardiente, para que se lo permitas el ser en cada pulso de tu coraón en ti ora.
Permite que tu ser vuele libéralo del yugo material que lo envuelve y sabrás de la alegría infinita de saberte por fin y para siempre libre.
En la sabiduría de tu interior descubriste que lo mejor era transformarlas en tus emociones.
Así emergiste de la tierra para en hombre convertirte.
Deambulando pasaste por las diferentes esferas de las quimeras de los quereres.
Para por fin descubrir por el dolor que del sufrimiento sus lacayos son tus sentimientos.
Así poco a poco resolviste que ni pasiones transformadas en emociones sirven al corazón.
Sólo el amor fruto de los sentimientos elevados a la esfera de la compasión.
Y te convertiste en humano amamantado por el elixir de la sabia de tu compartir.
Saboreando de esa alegría descubriste que dar es mejor que pedir.
Que más gana en satisfacción tu alma cuando das que deseando recibir.
Así te erigiste glorioso sobre tu materia y un nuevo espacio conquistaste.
Y saboreando el nuevo aire que a tus sienes abatían, olías el aroma de las sagradas esferas que el infinito te prometía.
A volar te invitaron esos cantos, la música de un mundo arqueométrico de ideales recién por tu alma descubiertos.
A ser un ser alado los espacios celestes te invitaban, pero si no te lanzas como emergerán tus alas para surcarlo pensabas.
Pues montado en tus ideales las musas del cielo te soplaban.
Busca la levedad que da el estar enamorado del cielo y las estrellas.
Atrévete a pensar, a ser y a sentir diferente y así el horizonte humano remontarás por el saliente.
Ellas continuaban a tus oídos resollando aventúrate a ser ángel y aduéñate en tu vuelo del espacio sidéreo.
Así remonta hacia la luz, el origen y conocerás todo de Ormuz.
Continua el viaje que como átomo iniciaste, como ser continuaste y como dios a de terminarse.
Es tu destino simiente que aguarda paciente en cada latido ardiente, para que se lo permitas el ser en cada pulso de tu coraón en ti ora.
Permite que tu ser vuele libéralo del yugo material que lo envuelve y sabrás de la alegría infinita de saberte por fin y para siempre libre.
De Poemas a mi ego, Eduardo Buenaventura Díaz
jueves, 2 de febrero de 2012
miércoles, 1 de febrero de 2012
LAS CONFESIONES A MAAT
Te reverencio, oh Gran Dios, Maestro de toda Verdad;
He venido a Ti, oh mi Dios, y he venido resuelto a conocer Tus decretos. Te conozco y estoy de acuerdo contigo
Y con Tus dos y cuarenta leyes que existen Contigo en esta Cámara de Maat.
En Verdad estoy de acuerdo Contigo y he llevado a Maat en mi mente y mi alma.
He destruido la maldad (en mi) por Ti
No he hecho mal a la humanidad.
No he oprimido a los miembros de mi familia.
No he inducido al mal en vez de a la justicia y la Verdad.
No he tenido intimidad con hombres indignos.
No he exigido la primera consideración.
No he ordenado que se realice para mí un trabajo excesivo.
No he propuesto mi nombre para que sea exaltado a los honores.
No he defraudado en sus bienes a los oprimidos.
No he hecho que nadie sufra hambre.
No he hecho llorar a nadie.
No he hecho que se inflija dolor a hombre ni animal alguno.
No he defraudado al Templo en sus ofrendas.
No he disminuido la medida de los cereales.
No he hurtado tierra.
No me he introducido en los campos ajenos.
No he aumentado las pesas de las balanzas para engañar al vendedor ni he leído mal el fiel de las balanzas para engañar al comprador.
No he impedido que beban leche los niños.
No he detenido el agua cuando debía correr.
No he apagado el fuego cuando debía arder.
No he rechazado a Dios en Su Manifestación.
Afirmación:
¡Soy puro! ¡Soy puro! ¡Soy puro!
Mi pureza es la pureza de la Divinidad del Templo Sagrado.
Por lo tanto, el mal no me sobrevendrá en este mundo porque yo, hasta yo, conozco las leyes de Dios que son Dios.
Oración tomada de Confesión en la “Cámara de Maat”, del Libro (Egipcio) de los Muertos (capítulo 125).
Maat: representa a la verdad, justicia, armonía y equilibrio cósmico.
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