IF I HAVE SEEN FURTHER IT IS ONLY BY STANDING ON THE SHOULDERS OF GIANTS
SIR ISAAC NEWTON

jueves, 18 de agosto de 2011

Jiàn Kang Shí Xün, Diez enseñanzas para conservar la salud

+ Verdura                -- Carne
+ Vinagre                -- Sal
+ Frutas                  -- Azúcar
+ Veces                    Come --  
+ Baños                  -- Ropas
+ Hechos                -- Palabras
+ Dar                     -- Ambicionar
+ Dormir                 --  Preocupaciones
+ Andar                  -- Carro
+ Sonreír                -- Enfadarse.
Jiàn Kang Shí Xün   Diez enseñanzas para conservar la salud
Fuente:

El corazón (amor) debe proteger al cerebro (intelecto) y juntos permiten del hombre, el que su espíritu genere humanidad

El amor es Yang, el intelecto Yin.
El Yang fuego, el Yin agua
Uno se expande, trata de integrar, es universal.
El otro es local, sustancial y puntual.
El amor es lo que mantiene conectados los diferentes puntos de vista que tiene la intelectualidad.
El intelecto divide para conocer la realidad, el amor lo une todo para darle coherencia a la realidad.
Uno es el texto el otro el contexto juntos son la totalidad.
Uno se expande el otro se contrae en medio. de ellos están los fenómenos que conocemos como la realidad.
Ambos son hijos y parte de la unidad.
El uno genera al dos el dos al tres y tres genera la totalidad dice el Tao Te King.
El Yang protege al Yin.
El amor protege al intelecto y juntos generan  la sabiduría.
Sin amor el intelecto es frío y calculador egoísta e impío.
El amor sin intelecto es causa de la ilusión y la superstición.
Lo masculino debe proteger a lo femenino.
El corazón (amor) debe proteger al cerebro (intelecto) y juntos permiten del hombre, el que su Alma genere humanidad.

De poemas a mi Ego Eduardo Buenaventura Díaz

Reconozco en el sol, la representación de la brillantez, clara y transparente expresión poderosa de mi Alma.

Hoy día es perfecto
Estoy consciente y despierto a la capacidad creadora de mi mente
Puedo reconocer que mi destino y lo que vivo es producto de mis acciones y del estado de mi conciencia
Gracias a ello puedo cambiar mi realidad a la que yo deseo
Aplicando los métodos y medios, las enseñanzas de los maestros.
Que permiten percibir la verdadera naturaleza de mi yo
En cada nuevo amanecer, puedo iniciar la transformación de mi vida.
Diseñar un destino de amor y libertad, de salud y fortuna, de poder y sabiduría ilimitada.
Reconozco en el sol, la clara y transparente expresión brillante y poderosa de mi Alma.
Observo como emerge esa luz en el cielo alejando la oscuridad de la noche
Así yo también reconozco en mí, el  yo resplandeciente de mi verdadero ser
Y como el sol, yo también emerjo de las sombras que me limitan
Hacia la brillantez del firmamento, el lugar que legítimamente me pertenece
Como hijo de Dios
OM
Guíame señor, OH maestro que moras en mi corazón
De lo irreal a lo Real,
De la oscuridad a la Luz,
De la muerte a la inmortalidad,
OM paz, paz, paz.
OM shanti, shanti, shanti.

Poemas de Alegría y Esperanza de Eduardo Buenaventura Díaz

lunes, 15 de agosto de 2011

Porque cuando vemos cómo discuten estos pigmeos, se pelean y matan entre sí, ¿cómo creer que en la tierra – un grano de polvo en la inmensidad – puede el Creador haber instalado a sus criaturas más perfectas

"Cuando os sintáis abrumados por las penas y preocupaciones, salid a contemplar, por la noche, el cielo estrellado y meditad sobre la pequeñez de la tierra perdida en el espacio infinito… Pensad que Aquél que creó tantos mundos, los ha ciertamente poblado con criaturas más inteligentes, más hermosas y más poderosas que los humanos. Porque cuando vemos cómo discuten estos pigmeos, se pelean y matan entre sí, ¿cómo creer que en la tierra – un grano de polvo en la inmensidad – puede el Creador haber instalado a sus criaturas más perfectas?
Bajo las estrellas, podéis sentir que todos los problemas que adoptan en vuestra cabeza proporciones gigantescas, no son casi nada. Al pensar que estas estrellas que contempláis existen desde hace miles de años, que la Inteligencia que creó estos mundos es eterna, que habéis sido creados a su imagen, sentís que vuestro espíritu también es eterno y que nada puede realmente perturbaros."

Omraam Mikhaël Aïvanhov

viernes, 12 de agosto de 2011

En situaciones adversas uno descubre lo mejor de sí

En un día cualquiera para un niño, es normal que caiga jugando, se levante raudamente y vuelva a caer,  pero yo no era de esos niños.
Al año y dos meses  de nacido, mientras intentaba caminar equilibrando mis piernitas, mis padres se enteraron de que tenía una enfermedad congénita llamada Encondromatosis Multiple, la cual afecta la parte ósea, produciendo  protuberancias y descalcificación en los huesos. Los médicos  informaron que tenían que esperar a que tuviera cinco años para poder operarme, lo cual hacía más grande la desesperación y angustia de mis padres.
Recuerdo en algunas reuniones familiares escuchar a gente decir; ¿pero qué paso?, si sus hermanos nacieron sanos. Yo ya iba al nido y muy por el contrario a estar triste, era Feliz. Tenía compañeros que jugaban conmigo, reía sin parar, y mis cachetes eran los engreídos de las profesoras que pugnaban por pellizcármelos y conseguir de mí una sonrisa tierna, pura e inocente, esa de los niños de cinco años.
La edad pactada por los médicos había llegado, eran  como los deditos de mi pequeña mano ,5 años cumplidos y así fui trasladado al “Hogar Clínica San Juan de Dios” donde me realizaron la primera operación que fue suspendida al poco tiempo de iniciada por una hemorragia interna severa. Esta operación se programó para medio año después, pero por casualidades del destino mi médico de cabecera, Orestes Suárez, médico traumatólogo también del club Alianza Lima dejó de existir en ese fatídico accidente del fokker que se llevó a los blanquiazules  para nunca más devolverlos.
Por estos años mis padres no tenían confianza con otros médicos; para ese entonces mi padre, se había recibido en la Marina de Guerra del Perú y era personal subalterno, lo que me dio derecho a percibir los servicios del Centro Médico Naval, donde mi caso pasó a manos de otros médicos; ellos dieron la orden, es así que transcurridos 8 meses después de la frustrada intervención quirúrgica, ingrese nuevamente a sala de operaciones, donde mi cadera no tuvo complicaciones en el proceso post operatorio. Pero mi Encondromatosis Multiple, no dejaba que mis huesos se calcificaran como era debido y seguían permitiendo las fracturas en ellos.
Mi etapa primaria la pasé de yeso en yeso, con las firmas de todos mis amigos en el. Tres fracturas, dos en casa y una en el colegio a los seis, ocho y diez años me hicieron sentir un poco triste, tenía que cuidarme, recuerdo a mi madre llevándome en sus brazos con la pierna fracturada desesperada por conseguir un taxi, sentía como su corazón palpitaba muy fuerte. Me sentía un  poco triste por mi enfermedad, no porque me sintiera diferente o extraño, sino porque no podía ir tras un balón y eso me daba mucha nostalgia.
Entre operación y operación, yo iba creciendo pero mi pierna derecha no crecía acorde conmigo, en esas operaciones se iban corrigiendo esa disminución. Ya me era usual pasar por los riesgos quirúrgicos, (cardiología, neumología, laboratorios, etc.), recuerdo los nombres de casi todo el staff de traumatólogos, médicos, enfermeras y auxiliares  del hospital, eran otra familia para mí, pero entre ellos brillaba  una persona  sumamente importante para mí, mi madre. Ella no faltaba ni un solo día al hospital, llevando entre sus cosas aquellos dos alimentos que eran mi delirio, la leche y mi pan con jamonada. Tampoco olvidaré a mi tío José, a quien le puse el  apelativo de “rambo”, porque fue una vez a visitarme al hospital vestido de militar hasta los dientes. Y como todo niño yo presumía con mi amiguitos de cuarto, diciéndoles que él en cada bolsillo tenia pistolas, granadas, que risa me da al recordar esas miradas de asombro y el clásico “asuuuuuuuuuuuuu……..”.
A pesar de pasar muchos meses en el hospital, siempre fui un alumno aplicado, llegaba al colegio luego de dos meses en el hospital y en una semana estaba al día de todas esas clases perdidas. Recuerdo a mis profesores ponerme como ejemplo para mis  compañeros  que eran un poco relajados, pero nunca mi enfermedad fue impedimento para salir adelante y lograr las metas que me había trazado.
Ya en secundaria, algo marco realmente mi vida, se atrofiaron las venas de mi pierna derecha, la sangre no las irrigaba producto de ello se produjo una  Gangrena,  recuerdo a mi madre saliendo del consultorio del doctor llorando, en ese mismo instante  el doctor me dijo que tenía que tomar una medida, entre vivir o dejarme morir. Recuerdo las palabras del médico diciéndome:  ¡Hijo, tu prefieres morir y causarle una pena muy grande a tu madre, o vivir con una pierna!, Tenía doce años, fue una de las más grandes decisiones que a mi corta edad me toco decidir. Doctor deseo vivir, fue mi respuesta, y seguidamente le pregunte si podría volver a  jugar fulbito, recuerdo que el galeno me miró y con una sonrisa en su rostro me dijo claro que sí, yo se que lo lograrás.
En mi mente tengo grabada como si fuera mi fecha de nacimiento el día 6 de mayo de  1992, aquella fecha imborrable cuando me amputaron la pierna, porque sino moriría en tres meses. Perdí el colegio por un año y tuve que adaptarme a mi nueva vida; aprender a movilizarme con las muletas me costó un poco, al comienzo me caía, pero era más mi constancia, que me levantaba, empuñaba mis muletas y con ellas seguía adelante.
Ya en la secundaria  se siguieron dándolas fracturas, ¡Pero cómo!, si ya no tenía la pierna derecha; y es que  mi enfermedad  también había afectado la parte superior de mi brazo derecho, donde también tuve tres fracturas, a los catorce, dieciséis y diecisiete años.
A pesar de estos retrasos termine la secundaria, sin perderme uno solo bailetón y camuflando los tragos en la basta del pantalón de aquella pierna que me faltaba.
Recuerdo que en el viaje de promoción me emocionó tanto el escalar, llegar a la cumbre de Pastoruri y deslizarme del nevado hacia la falda del mismo y,  recién abajo recordé a mis queridas compañeras de travesías, mis muletas, a quienes había dejado en la cima.  Al cumplir los dieciocho años tuve el regalo más raro pero importantísimo, mi pierna ortopédica, la cual se mostró al público junto con las palabras de mi padre, que fueron compradas con el dinero de su jubilación. Aprendí a dominarla en tres meses, en cinco ya era mas fácil con pasos de baile  y todo, por consiguiente dejé a mis muletas descansar un tiempo. 
Termino el año 98 y con ella mis estudios secundarios; en el verano del 99 tenía algo pendiente conmigo mismo aprender a nadar, ese verano fue inolvidable ya que quizás fue el ultimo que mas goce en mi etapa de adolescencia; aprendí a nadar en dos semanas,  jugué oficialmente para la selección de discapacitados del distrito de Surquillo con la cual salimos campeones  a nivel de Lima Metropolitana. 
Pero al igual que las diversiones llegaron nuevos retos y responsabilidades, había tenido a mi madre siempre a mi lado y yo no quería ser una carga para ella, quería valerme por mi mismo, tener una profesión y que ella se sintiera orgullosa de mi,  pensaba siempre como me vería de aquí a  diez años y no quería que mi mamá sufriera por mí.
Estudié la carrera de Computación e Informática, mi capacidad intelectual me permitió obtener el segundo lugar en un concurso que organizó el Instituto en donde estudiaba, lo que me permitió un contrato de tres meses en la Universidad Nacional Federico Villareal como asistente de laboratorio de cómputo. Tenía  21 años, trabajaba en las mañanas y por las noches estudiaba, me encontraba ya en el sexto ciclo y no saben la alegría que me dio, ganar mi propio dinero en un trabajo donde me gustaba lo que hacía.
Culminé la carrera  titulándome como técnico profesional en Computación e Informática. Este título me abrió más puertas. Fui enriqueciéndome más en mi experiencia laboral con el transcurrir de los años. En ningún momento sentí que mi discapacidad podría detener mis deseos de superación, pero como técnico me sentía limitado y por eso decidí continuar mis estudios en la universidad en la carrera de Ingeniería de Sistemas.
Con la experiencia laboral adquirida más los estudios superiores pude postular a las dos vacantes que se presentaron para la Dirección de Informática y Sistemas del Ministerio de Agricultura en noviembre del 2005 en la cual me encuentro laborando actualmente. En estos 6 años he ido escalando profesionalmente, en la actualidad ocupo el cargo de Analista de Sistemas.
Pero no todo fue felicidad, cuando todo marchaba muy bien, mi enfermedad volvió a darme otra sorpresa como para no olvidarme de ella, debía volver a ser intervenido quirúrgicamente, esta vez en el cráneo porque mi enfermedad había vuelto a aparecer, y era un caso raro. Otra vez llegaron las preocupaciones, el ver a mi madre angustiada puesto que años atrás ya había sufrido la partida de mi querido hermano Miguel Ángel.
La pérdida de mi hermano no había cerrado en su alma y yo no quería provocarle otra herida más que tardaría en cerrar o tal vez no cerraría nunca.
Las operaciones en el cráneo fueron tres, y con ellas sume un total de doce intervenciones a lo largo de toda mi vida, estas últimas tres fueron de alto riesgo, de las cuales salí airoso pero con 1/8 menos de cavidad craneal, sentí miedo de poder perder mis funciones motoras, como mi capacidad intelectual, así como también el no poder volver a despertar pero por bendiciones de la vida no hubieron complicaciones, ni secuelas; sentí como si hubiese vuelto a nacer, mis ánimos de seguir trabajando y lograr más cosas  eran más elevados que antes.
En esta última estadía en el hospital, quien iba a imaginar que encontraría el  verdadero amor, quien pensaría que del staff de  enfermeras que laboran ahí, había una reservada para mí.  Ella  se enamoro  de mi, tal cual como soy  con mis  defectos y virtudes entre vendas, curaciones, algodones y jeringas, ella me cuidaba cuando dormía por las noches. Ella hoy en día es mi esposa y madre de mi hijito al cual le puse el nombre de mi ausente hermano Miguel Ángel.
Hoy tengo una familia completa, amo a mi esposa Jessica  y a mi hijito Miguel Ángel, agradezco a Dios por  haberme dado unos padres ejemplares que siempre me apoyaron y confiaron en mí, a mis hermanos y a  todas las personas que en cada etapa de mi vida me ayudaron a salir adelante.
He tenido una niñez muy hermosa con bellos recuerdos, una adolescencia alocada como cualquier jovencito y siento  que todo lo que me ha tocado vivir, ha hecho que vea la vida de otra perspectiva, se que siempre habrá una salida ante un problema o una adversidad, que en cada amanecer hay una esperanza, un motivo por el cual estamos en este mundo y por lo tanto debemos vivir al máximo; por mi fe, sé que mi vida no termina  en este mundo, que hay un ser supremo que me ha dado la vida y las fuerzas para poder afrontar cada obstáculo de mi vida.
Siento alegría  de saber que en cada letra que plasmo no hay rencor, que mi enfermedad es un buen amigo con quien aprendí a lidiar y crecer, que  me hizo fuerte, y quiero que las personas que se encuentran en mi condición sepan que ninguna enfermedad es impedimento para seguir adelante y ser feliz.
TESTIMONIO DE VIDA por JOSE FREDDI HERRERA MENDOZA

miércoles, 10 de agosto de 2011

Todos tenemos vida, pero no todo el mundo la vive, todos tenemos derecho a ser felices, pero tenemos que ejercer ese derecho, sino la vida no tiene sentido entrevista al Tulku* Lama Lobsang


Médico tibetano. Viaja por todo el mundo impartiendo sus enseñanzas de medicina, psicología y astrología, y curando con las manos y la mirada

Cuando un paciente viene a su consulta, ¿cómo descubre cuál es su enfermedad?
Mirando cómo se mueve, su postura, la forma de mirar. No hace falta que me hable ni me explique qué le pasa. Un doctor de medicina tibetana experimentado, solo con que el paciente se le acerque a unos 10 metros, puede saber qué dolencia sufre.
Pero también escucha los pulsos.
Así obtengo la información que necesito de la salud del enfermo. Con la lectura del ritmo de los pulsos se pueden diagnosticar un 95% de las enfermedades, incluso psicológicas. La información que dan es rigurosa como la de un ordenador. Pero leerlos requiere mucha experiencia.
Y después, ¿cómo cura?
Con las manos, la mirada, y preparados de plantas y minerales.
Según la medicina tibetana, ¿cuál es el origen de las enfermedades?
Nuestra ignorancia.
Pues perdone la mía, pero, ¿qué entiende usted por ignorancia?
No saber que no sabes. No ver con claridad. Cuando ves con claridad, no tienes que pensar. Cuando no ves claramente, pones en marcha el pensamiento. Y cuanto más pensamos, más ignorantes somos y más confusión creamos.
¿Cómo puedo serlo menos?
Le daré un método muy simple: practicando la compasión. Es la manera más fácil de reducir tus pensamientos. Y el amor. Si quieres a una persona de verdad, es decir, si no la quieres solo para ti, aumenta tu compasión.
¿Qué problemas ve en Occidente?
El miedo. El miedo es el asesino del corazón humano.
¿Por qué?
Porque con miedo es imposible ser feliz, y hacer felices a los otros.
¿Cómo afrontar el miedo?
Con aceptación. El miedo es resistencia a lo desconocido.
Y como médico, ¿en qué parte del cuerpo ve más problemas?
En la columna, en la parte baja de la columna: os sentáis demasiado tiempo en la misma postura. Vitalmente, tenéis demasiada rigidez.
Tenemos muchos problemas.
Creemos que tenemos muchos problemas, pero en realidad nuestro problema es que no los tenemos.
¿Qué quiere decir?
Que nos hemos acostumbrado a un nivel de necesidades básicas cubiertas, de modo que cualquier pequeña contrariedad nos parece un problema. Entonces, activamos la mente y empezamos a darle vueltas y más vueltas sin solucionarlo.
¿Alguna recomendación?
Si el problema tiene solución, ya no es un problema. Si no, tampoco.
¿Y para el estrés?
Para evitarlo, lo mejor es estar loco.
¿…?
Es una broma. No, no tan broma. Me refiero a ser o parecer normal por fuera, y por dentro estar loco: es la mejor manera de vivir.
¿Qué relación tiene usted con su mente?
Soy una persona normal, o sea que a menudo pienso. Pero tengo entrenada la mente. Eso quiere decir que no sigo a mis pensamientos. Ellos vienen, pero no afectan ni a mi mente ni a mi corazón.
Usted se ríe a menudo.
Cuando alguien ríe, nos abre su corazón. Si no abres tu corazón, es imposible tener sentido del humor. Cuando reímos, todo es claro. Es el lenguaje más poderoso: nos conecta a unos con otros directamente.
También acaba de editar un CD de mantras con una base electrónica, para el público occidental.
La música, los mantras y la energía del cuerpo son lo mismo. Como la risa, la música es un gran canal para conectar con el otro. A través de ella, podemos abrirnos y transformarnos: así la usamos en nuestra tradición.
¿Qué le gustaría ser de mayor?
Me gustaría estar preparado para la muerte.
¿Y nada más?
El resto no importa. La muerte es lo más importante de la vida. Creo que ya estoy preparado. Pero antes de la muerte, debemos ocuparnos de la vida. Cada momento es único. Si damos sentido a nuestra vida, llegaremos a la muerte con paz interior.
Aquí vivimos de espaldas a la muerte.
Mantenéis la muerte en secreto. Hasta que llegará un día de vuestra vida en que ya no será un secreto: no os podréis esconder.
Y la vida, ¿qué sentido tiene?
La vida tiene sentido, y no. Depende de quién seas. Si realmente vives tu vida, entonces la vida tiene sentido. Todos tenemos vida, pero no todo el mundo la vive. Todos tenemos derecho a ser felices, pero tenemos que ejercer ese derecho. Si no, la vida no tiene sentido.

Entrevista de Elisenda Pons y Gaspar Hernández

*Tulku (Tibetano) es el término utilizado en el budismo tibetano y en la religión bon para referirse a aquel maestro que ha logrado tener el control parcial o total en la muerte sobre el lugar en donde renacerá. Además, un tulku es considerado cómo la emanación de la mente de un maestro con niveles importantes de realización. (Fuente Wikipedia)

"La paz interior es la mejor medicina", entrevista con TSEWANG TAM, medico personal del DALÁI LAMA

TSEWANG TAM, ha recibido diversos reconocimientos y medallas de oro en medicina a nivel internacional y estos días visita por primera vez Catalunya.

¿Si soy feliz no enfermaré?
Si eres feliz, no tienes por qué estar enfermo. Pero este ser feliz no significa que en un momento u otro de tu vida no pases por la experiencia del sufrimiento. Podemos sufrir o sentir dolor, y a la vez ser felices.
Pues qué bien. ¿Lo puede argumentar?
La infelicidad proviene del miedo, de la ansiedad, del pensar demasiado y angustiarse a base de darle demasiadas vueltas a los problemas.
¿Cómo influye el estado de ánimo en las enfermedades?
La influencia es del cien por cien. Si usas mal tu mente, como por ejemplo preocupándote demasiado, te creas sufrimiento, y eso puede derivar en enfermedad.
Le pregunto lo mismo que hace un mes le preguntábamos a su colega, el Lama Lobang: ¿cuál es la causa principal de enfermedad, según la medicina tibetana?
La pérdida del estado de equilibrio del cuerpo.
Pero a veces los motivos vienen de fuera. Estos días, mucha gente tiene la gripe...
Los gérmenes nocivos y virulentos son una causa, pero solamente secundaria. Los gérmenes nocivos por sí mismos no pueden producir enfermedades si no encuentran un terreno propicio.
¿Cómo está su paciente, el Dalai lama, de salud?
Estupendamente. Solo tiene usted que mirar cómo se mueve, cómo habla, lo ágil que está y lo mucho que trabaja, con horarios increíbles. Los jóvenes no pueden aguantar su paso.
Él, que está tan entrenado para ser feliz, vivirá más de 100 años...
La duración de nuestra vida, la longevidad, tiene mucho que ver con la felicidad que cultivemos. La paz interior es la mejor medicina. También para vivir más años. Las preocupaciones interfieren en el funcionamiento de las células de los órganos. Y eso lleva a tomar medicamentos, y a estar cada vez peor.
¿Algún otro consejo?
Prestar mucha atención a lo que comemos.
¿Cuál es su truco para conseguir la felicidad?
Estar satisfecho con lo que haces y contento con lo que tienes. Y, sobre todo, no compararte nunca con los otros. La sociedad occidental estimula mucho la comparación, compararse con lo que tiene el vecino, y eso solo conduce a la infelicidad.
Las religiones, en teoría, tendrían que ayudar...
Son un buen camino para conseguir la felicidad, porque nos enseñan cómo querer (amar) más y cómo estar mejor con nosotros mismos. No solo el budismo. Una vida espiritual ayuda mucho.
¿Y usted es feliz?
Sí. Estoy contento con muchas cosas. Intento mantener el equilibrio siendo consciente de que no hay fin para el sufrimiento, a no ser que estés iluminado.
¿Qué actitud recomienda a sus enfermos?
En primer lugar, entender qué es lo que causa el sufrimiento, pero no solo su sufrimiento particular, sino el sufrimiento en general. Y, por otro lado, analizar cómo se puede haber generado su enfermedad y rectificar actitudes. Si nos duele el estómago, no se trata de buscar las pastillas que nos van a aliviar el dolor, sino variar comportamientos para que eso no vuelva a ocurrir. Preguntarme qué estoy haciendo yo para que me esté pasando eso, qué circunstancias están generando esa enfermedad que ahora me hace sufrir.
¿Y algo más práctico?
Leer libros sobre el amor y la compasión, por ejemplo. Escuchar música, un abrazo, hablar. Depende del carácter de cada persona.
¿Y reír?
Es muy importante. La risa cura.
¿...?
Le pondré un ejemplo. Durante mucho tiempo se ha tratado a los enfermos de sida como apestados. Les faltaba amor, contacto humano, y, por tanto, risas. Todo eso también es importante para curarse. De hecho, la curación es un arte.
Usted cree en la reencarnación. En esta vida, como médico, está haciendo el bien. ¿Qué le gustaría hacer en otra vida?
--Lo mismo. Estoy muy bien siendo quien soy. Lo que eres hoy depende de lo que fuiste en vidas anteriores, y tus siguientes vidas serán según lo que estés haciendo ahora.
La gente que ahora no sufre, ¿en vidas pasadas hizo bondad?
Exactamente. Pero, atención, porque si no aprovecha esta existencia para llevar una vida sana y feliz, en el futuro se le acabará, si me permite la expresión, el crédito. Es importante entender el sufrimiento de los demás, aunque uno no lo haya sufrido o no lo sufra: entender el fuerte dolor de cabeza del compañero de trabajo, aunque tú no lo sufras.

Entrevistas de Gaspar Hernández